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Cuento-carta para una amiga, Dear D.

(..)  Mencioné anteriormente el origen y fin de todas las cosas, que es donde reside tu padre actualmente. Te preguntarás dónde queda esto y pensarás que bajo tierra es la respuesta. La verdad, D, es que existe más que eso en el fin. No puedo explicarte, como ser mortal, de qué manera está entretejido este plano, sin embargo, allá es divertido. Todo es arte y logra fundirse con gran entereza en un verde pálido capaz de barrer el dolor. No se distingue la individualidad; los árboles de las flores, los humanos de los peces. Todos conviven en esto uniforme que te describo. Si existen muros, son para tallar las grandes enseñanzas que algún ente haya tenido en su pasado. Estas paredes, al atiborrarse de palabras, se transforman en hermosas esculturas con el peso del aprendizaje de todas esas vidas llenas de arrepentimiento. En general, son figuras ornamentales rodeadas de misticismo que luego viajan a la cabeza de algún artista, quien en la Tierra se encargará de difundir estos mensajes...

Muerte con Pingüino

En la Rusia del siglo pasado, donde aún se recibía una educación soviética, nació Andréi Kurkov, traductor y escritor que, a través de su libro, logró hacerme viajar a su vida mediante los oscuros y monótonos caminos del temperamento ruso. Al recorrer las páginas, en mi imaginación pude ver la arquitectura de la ciudad, cómo se desenvuelve la sociedad de esa época y los paisajes me recuerdan a un invierno que no he vivido. Los ataques y sombras que atormentan al personaje principal no son más que los monstruos internos que no dejan de perseguirlo dondequiera que esté. Mediante una situación cómica y absurda, nos embarca en un viaje del que nos fascinamos hasta el final de la obra, donde recurre al bien sabido dilema de que nuestro verdadero enemigo somos nosotros mismos. Es conmovedor cómo nos transporta y hace transitar tan bien lo desconocido. Nos invita a su país, a su cultura y a lo más profundo de sí mismo. El final es avasallador, sumerge en una melancolía profunda que procesarem...

Fragmento de mi libro

En ese entonces, el alcohol me ayudaba a sopesar la crudeza por la que transitaba. Si hay algo de mérito en mi historia, es que no cualquiera puede caer tan bajo, se necesita coraje. El abandono de uno mismo y la soledad más perversa están reservadas para que la experimenten unos cuantos elegidos. Comenzó el huracán y ya no me contenía más, así que fui un miércoles a verte. Mientras iba de camino era como si transitara por un plano inmaterial, rodeado de un gris que recordaba que todo estaba condenado a esfumarse: las veredas mal pavimentadas, el cielo decaído, la contaminación y mi piel descuidada. Alguna mano gigante de un ser superior pudo haberse extendido y atravesado la atmósfera para arrugar la Tierra y lanzarla por el espacio, o dejar caer sus cenizas. Me encontraba a una cuadra de donde se supone que estarías. Aún no descubría el modo de acercarme, estaba paralizado. Sopesaba las posibilidades y eventos probables. Me imaginé siendo devorado por tu amor, que nos besábamos y no...

Home Sweet Home

El piso de la habitación pareciera abrirse cada vez que transita un autobús por la calle, como si el sonido se propagase solo por debajo de las tablas de madera de esta. Lo que comunican los crujidos es que la ciudad invita a mecerse a través de las vibraciones y el calor de diciembre. En invierno, las tablas absorben la humedad para proteger lo que esté dentro de ellas y poder recostarse en el suelo, encima de la alfombra que las cubre. La inestabilidad del lugar se contagia por medio de los sentidos. Los días en los cuales llego repleta de amor parece más iluminada y las mañanas en las cuales no puedo levantarme, más pesada. Cuando abro la ventana, mis pensamientos pueden circular, y a veces, cuando no logro entenderme, cambia de color. El cuarto se impregna de estilo y personalidad, también, ha llegado a resoplar palabras de aliento. El mundo últimamente parece más hostil de lo que se supone debiera ser, o puede ser un signo del primer cuarto de siglo vivido. Queda un vago optimismo...

Lovely Sir Paul

Mientras camina de vuelta a casa, la mujer busca la nostalgia. Saca de su bolso sus audífonos y se los coloca para escuchar música que se parezca a su temple. Recuerda una melodía hermosa que escoge para acompañarla y transita con la intención de entender de qué trata la letra. La canción es "Junk" del disco McCartney. En su cabeza toma fuerza la idea de que la frase «Buy buy, Says the sign in the shop window» evoca paseos en zonas rurales en compañía de un amor. Cuando analiza las palabras  que utiliza, le confunde que sean tan sencillas y evoquen sentimientos tan profundos. Luego  reflexiona que dentro de las memorias modestas se construye lo esencial y que probablemente pase lo mismo con el lenguaje. La historia de Linda y Paul aún vive y es compartida, piensa. Desconfía en si le tocará experimentar algo así dentro de su paso por el mundo, pero pese a esto, no se altera y cae en cuenta de que ya posee un pedazo de su amor en forma de canción. Imagina qu...

Fragmento de mi libro

Sin percatarme, el departamento ya formaba parte del pasado. Los muebles e idioteces infantiles habían desaparecido. Ya nada quedaba en su lugar, solo polvo clandestino que suele acumularse en lo inamovible. Las cajas estaban ordenadas y selladas, había botado lo que no servía y solo quedaba limpiar un poco. Dejé a Amelia y una maleta aparte, sería lo último que empacaría. Me despedí de mi hogar lleno de dudas. Intentaba memorizar las sensaciones y el panorama. La nostalgia sería mi enemiga, me dificultaría a conducir hasta donde debía llegar. Las despedidas duelen, es cierto, y nadie dice lo contrario. El apego no se puede negar, al igual que el hecho de que todos necesitamos amor. Me quedé tirado en el piso que por tanto me sostuvo y me acurruqué como un animalito. Miraba por el ventanal y me sentía desnudo, en años no sentí ese sitio tan especial como cuando tuve que decir adiós.

Fragmento de mi libro

Escucho la nada, es un eco intermitente que opaca la marea y distrae del sonido de las olas. Me percato de que no estoy solo en mi miseria, sino que la calma desvía mis pensamientos. Necesito entenderme, hacer ruido con mi mente rota. No para perdonarme al repasar mi vida, sino para dejar de castigarme por ello. Quiero morir antes de que el sol se ponga y, tal como en mi pesadilla, ser tragado por el mar y por aquel pájaro sensato que decidió destruir la humanidad. Ahora solo queda entregarme al vacuo azul profundo y amparar a quienes también se desviven con su brújula averiada. Repaso por última vez las peleas, los eventos y circunstancias. La herida que todos cargan: el bebé de la vecina que murió cuando era un niño, las veces que fui a urgencias alegando por la pena que sentía, mi primer beso. Me cuestiono si conocí el amor o si Débora tenía razón, aunque simplemente ya no importa. Recuerdo las diferentes texturas de los cabellos de las personas con quienes salí y el diseño de las c...