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Mostrando entradas de marzo, 2026

Fragmento de un libro que no publicaré

Conservo cada fragmento, no se me ha olvidado nada: la sensación al girar la llave al entrar ese día al departamento, las luces que encendí, el mueble que abrí para sacar un vaso y servirme agua. Había un olor y un peso extraño, claustrofóbico, en el ambiente. Observé el espacio y su inmovilidad, la impermanencia que intentaba transformar. Fui a la habitación y te encontré. Estabas acostada en la alfombra, te habías abrigado con el cubrecamas y dejaste todo deshecho en el piso. El cuadro captó mi atención: la postura que tenías no era usual y no hacía frío. Me acerqué lentamente para entender qué sucedía, palpé de a poco por encima de la manta y allí estabas: inerte. No había color en tu rostro. Se había marchado lo más preciado que tenía, mi razón de vivir. Hundida en el pozo dorado que atraviesa la materia, decidiste dejar atrás lo que te aquejaba. Tu sufrimiento había acabado, pero yo, merecidamente, me abismaba en el dolor. El sobrecogedor y romántico tesoro decidió ser ausencia, a...

No quiero decir quién eres

La cama está hecha. La cama está hecha. Te sirven leche caliente para despertar tranquila e irte a trabajar. No anhelas una conexión desesperada. No buscas el diálogo. El apuro no perdona y se lleva cada una de tus pertenencias mientras desayunas. Quedas al descubierto. No hay elogios, tampoco recriminaciones. Te esfuerzas y corres hacia un umbral misterioso. Nadie te entiende. Acompañas. No conoces de teorías. Eres parte de una historia casual. Una de esas donde nadie busca destacar ni dejar un legado. Solo caminas. Tú no te arrastras como otros, perdidos en laberintos rimbombantes. Aplastas a las personas. No te importa. Pero hay una sabiduría en tu locura. Las cosas podrían ser distintas en un paraíso horizontal y no en caída. Quiéreme, aunque sé que lo haces. Tómame de la mano y no te vayas sin mí. Enséñame el egoísmo sin sufrimiento. Quizá la equivocada soy yo.