Cuento-carta para una amiga, Dear D.
(..) Mencioné anteriormente el origen y fin de todas las cosas, que es donde reside tu padre actualmente. Te preguntarás dónde queda esto y pensarás que bajo tierra es la respuesta. La verdad, D, es que existe más que eso en el fin. No puedo explicarte, como ser mortal, de qué manera está entretejido este plano, sin embargo, allá es divertido. Todo es arte y logra fundirse con gran entereza en un verde pálido capaz de barrer el dolor. No se distingue la individualidad; los árboles de las flores, los humanos de los peces. Todos conviven en esto uniforme que te describo. Si existen muros, son para tallar las grandes enseñanzas que algún ente haya tenido en su pasado. Estas paredes, al atiborrarse de palabras, se transforman en hermosas esculturas con el peso del aprendizaje de todas esas vidas llenas de arrepentimiento. En general, son figuras ornamentales rodeadas de misticismo que luego viajan a la cabeza de algún artista, quien en la Tierra se encargará de difundir estos mensajes.
Tu padre ahora entiende en profundidad lo que haces, y no puede, simplemente no puede más de orgullo. No puede creer que su hija sea una de aquellas sensibles personas portadoras de la luz. En fin, podría seguir hablando de poesía, fractales o cómo es que aquí se debaten los ritos sociales. Sin embargo, lo que quiero que entiendas es que está bien allá, lleno de amor. Eso físico que ves en su tumba, los gusanos merodeando, la oscuridad, lo tétrico del asunto, es solo una vil ilusión.
(..) Temprano comprendiste el propósito de tu alma y pusiste en marcha tus sueños. Con frecuencia me quedaba vigilándote por horas para verte tocar. Observé cómo la excelencia se construye en los humanos, y cómo son capaces de entregarse por completo y luchar. Pude ver las frustraciones, las caídas, las veces que olvidabas practicar, la inseguridad que te sofocaba, pero también la valentía con la que te enfrentabas a lo que temías. Las contrariedades que significan existir.
Al ser solo una muñeca, hay cosas que no lograré sentir nunca, pero no implica que no haya aprendido lo suficiente. Estoy segura de que tienes esas finas manos con dedos alargados porque naciste para ser pianista, y cada momento que pasa, estás más cerca de tus anhelos.
D, finalmente, con esto develado, espero que comprendas que he venido a acompañarte. Puedes confiar en mí tal como lo hizo tu padre. Dentro de mis poderes célebres está aliviar la pena. Te escucharé cuantas noches sea necesario, y créeme que de algún modo, de algún irracional, sereno, divino, fascinante e infantil modo, encontraré la forma de ayudarte, junto a tu papá.
Te amamos. Tu padre, la muñequita quitapena y C.
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