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No tenemos por qué saber los porqués

Mientras tomaba café con su amante en la terraza del workcoffee del banco, comentó que últimamente sufría más de lo habitual, sin entender por qué. Vivía en una niebla emocional, intentando adaptarse a una serie de cambios que había deseado durante años. Sus planes por fin se concretaban, mas no podía sentirse feliz ni disfrutar de ellos. Todo parecía en orden: su vida social, profesional y económica fluía, e incluso sus pares y su familia prestaban atención a sus problemas. Una sombra de color ébano le robaba la alegría del corazón, y no había razones aparentes que justificaran su sufrimiento. Al escucharla, meditaba en lo que da sentido a nuestro día a día. He aprendido —gracias a la benevolencia— lo importante que es cuidar las risas, sostener nuestros propósitos y apoyarnos para sobrevivir en este mundo sin remedio. ¿Será que lo que creía que iba a hacerla sentir contenta era solo una ilusión? Es humano aspirar a metas para tener con qué justificar nuestra desdicha. Pensé larg...

Últimamente veo borrosidad

Por la noche, me duermo pensando en el pánico que me genera la rutina que acontece. Me cuesta seguirla y no entiendo qué es lo que me inquieta. Así transito la vida desde hace más de un mes, como si mi mente me impusiera un tipo de descontrol necesario para sobrevivir de esta manera. Tal vez sea una forma de escape, tal vez un castigo. A veces, mi cerebro me regala episodios de ausencia o la sensación de ser miserable por no tener fortaleza. Me comparo con lo que enfrentan otras personas: problemas reales, problemas que no consisten en guerrillas irracionales. Pienso en a quiénes les he fallado, y en un gato blanco que entró por mi ventana a principios de este año. No logro distinguir si ocurrió de verdad. Durante un tiempo consideré que podía ser el motivo por el cual comenzó la desgracia. Sin embargo, terminé por decantarme en lo ridículo de la idea. El hecho de que fuese blanco me hace creer en su veracidad, además de que suelo dormir en verano con la ventana abierta. Siento cómo to...

Cuento-carta para una amiga, Dear D.

(..)  Mencioné anteriormente el origen y fin de todas las cosas, que es donde reside tu padre actualmente. Te preguntarás dónde queda esto y pensarás que bajo tierra es la respuesta. La verdad, D, es que existe más que eso en el fin. No puedo explicarte, como ser mortal, de qué manera está entretejido este plano, sin embargo, allá es divertido. Todo es arte y logra fundirse con gran entereza en un verde pálido capaz de barrer el dolor. No se distingue la individualidad; los árboles de las flores, los humanos de los peces. Todos conviven en esto uniforme que te describo. Si existen muros, son para tallar las grandes enseñanzas que algún ente haya tenido en su pasado. Estas paredes, al atiborrarse de palabras, se transforman en hermosas esculturas con el peso del aprendizaje de todas esas vidas llenas de arrepentimiento. En general, son figuras ornamentales rodeadas de misticismo que luego viajan a la cabeza de algún artista, quien en la Tierra se encargará de difundir estos mensajes...

Muerte con Pingüino

En la Rusia del siglo pasado, donde aún se recibía una educación soviética, nació Andréi Kurkov, traductor y escritor que, a través de su libro, logró hacerme viajar a su vida mediante los oscuros y monótonos caminos del temperamento ruso. Al recorrer las páginas, en mi imaginación pude ver la arquitectura de la ciudad, cómo se desenvuelve la sociedad de esa época y los paisajes me recuerdan a un invierno que no he vivido. Los ataques y sombras que atormentan al personaje principal no son más que los monstruos internos que no dejan de perseguirlo dondequiera que esté. Mediante una situación cómica y absurda, nos embarca en un viaje del que nos fascinamos hasta el final de la obra, donde recurre al bien sabido dilema de que nuestro verdadero enemigo somos nosotros mismos. Es conmovedor cómo nos transporta y hace transitar tan bien lo desconocido. Nos invita a su país, a su cultura y a lo más profundo de sí mismo. El final es avasallador, sumerge en una melancolía profunda que procesarem...

Fragmento de mi libro

En ese entonces, el alcohol me ayudaba a sopesar la crudeza por la que transitaba. Si hay algo de mérito en mi historia, es que no cualquiera puede caer tan bajo, se necesita coraje. El abandono de uno mismo y la soledad más perversa están reservadas para que la experimenten unos cuantos elegidos. Comenzó el huracán y ya no me contenía más, así que fui un miércoles a verte. Mientras iba de camino era como si transitara por un plano inmaterial, rodeado de un gris que recordaba que todo estaba condenado a esfumarse: las veredas mal pavimentadas, el cielo decaído, la contaminación y mi piel descuidada. Alguna mano gigante de un ser superior pudo haberse extendido y atravesado la atmósfera para arrugar la Tierra y lanzarla por el espacio, o dejar caer sus cenizas. Me encontraba a una cuadra de donde se supone que estarías. Aún no descubría el modo de acercarme, estaba paralizado. Sopesaba las posibilidades y eventos probables. Me imaginé siendo devorado por tu amor, que nos besábamos y no...

Home Sweet Home

El piso de la habitación pareciera abrirse cada vez que transita un autobús por la calle, como si el sonido se propagase solo por debajo de las tablas de madera de esta. Lo que comunican los crujidos es que la ciudad invita a mecerse a través de las vibraciones y el calor de diciembre. En invierno, las tablas absorben la humedad para proteger lo que esté dentro de ellas y poder recostarse en el suelo, encima de la alfombra que las cubre. La inestabilidad del lugar se contagia por medio de los sentidos. Los días en los cuales llego repleta de amor parece más iluminada y las mañanas en las cuales no puedo levantarme, más pesada. Cuando abro la ventana, mis pensamientos pueden circular, y a veces, cuando no logro entenderme, cambia de color. El cuarto se impregna de estilo y personalidad, también, ha llegado a resoplar palabras de aliento. El mundo últimamente parece más hostil de lo que se supone debiera ser, o puede ser un signo del primer cuarto de siglo vivido. Queda un vago optimismo...

Lovely Sir Paul

Mientras camina de vuelta a casa, la mujer busca la nostalgia. Saca de su bolso sus audífonos y se los coloca para escuchar música que se parezca a su temple. Recuerda una melodía hermosa que escoge para acompañarla y transita con la intención de entender de qué trata la letra. La canción es "Junk" del disco McCartney. En su cabeza toma fuerza la idea de que la frase «Buy buy, Says the sign in the shop window» evoca paseos en zonas rurales en compañía de un amor. Cuando analiza las palabras  que utiliza, le confunde que sean tan sencillas y evoquen sentimientos tan profundos. Luego  reflexiona que dentro de las memorias modestas se construye lo esencial y que probablemente pase lo mismo con el lenguaje. La historia de Linda y Paul aún vive y es compartida, piensa. Desconfía en si le tocará experimentar algo así dentro de su paso por el mundo, pero pese a esto, no se altera y cae en cuenta de que ya posee un pedazo de su amor en forma de canción. Imagina qu...