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Fragmento de mi libro

Sin percatarme, el departamento ya formaba parte del pasado. Los muebles e idioteces infantiles habían desaparecido. Ya nada quedaba en su lugar, solo polvo clandestino que suele acumularse en lo inamovible. Las cajas estaban ordenadas y selladas, había botado lo que no servía y solo quedaba limpiar un poco. Dejé a Amelia y una maleta aparte, sería lo último que empacaría. Me despedí de mi hogar lleno de dudas. Intentaba memorizar las sensaciones y el panorama. La nostalgia sería mi amiga, me ayudaría a conducir hasta donde debía llegar. Las despedidas duelen, es cierto, y nadie dice lo contrario. El apego no se puede negar, al igual que el hecho de que todos necesitamos amor. Me quedé tirado en el piso que por tanto me sostuvo y me acurruqué como un animalito. Miraba por el ventanal y me sentía desnudo, en años no sentí ese sitio tan especial como cuando tuve que decir adiós.

Fragmento de mi libro

Escucho la nada, es un eco intermitente que opaca la marea y distrae del sonido de las olas. Me percato de que no estoy solo en mi miseria, sino que la calma desvía mis pensamientos. Necesito entenderme, hacer ruido con mi mente rota. No para perdonarme al repasar mi vida, sino para dejar de castigarme por ello. Quiero morir antes de que el sol se ponga y, tal como en mi pesadilla, ser tragado por el mar y por aquel pájaro sensato que decidió destruir la humanidad. Ahora solo queda entregarme al vacuo azul profundo y amparar a quienes también se desviven con su brújula averiada. Repaso por última vez las peleas, los eventos y circunstancias. La herida que todos cargan: el bebé de la vecina que murió cuando era un niño, las veces que fui a urgencias alegando por la pena que sentía, mi primer beso. Me cuestiono si conocí el amor o si Débora tenía razón, aunque simplemente ya no importa. Recuerdo las diferentes texturas de los cabellos de las personas con quienes salí y el diseño de las c...

Ideario de un alma que esconde su azul

Este tipo desconocido de ojos claros y caídos, al despertar y ver el block en que jugamos y escribimos intentando saber los fragmentos del otro, lo rayó con un lápiz rojo sin yo percatarme, tachando todo aquello que habíamos construido la noche anterior. Dejo en claro que nadie puede traspasar su máscara e incluso me hace pensar que fue vergonzoso para él. A mí me causa sospecha y risa que para tantas personas sea tan difícil mostrarse, pero sé que en él, algo se encuentra más allá de su abrupta fugacidad con todos. La mayor tensión se crea cuando realmente la palabra indiferencia te queda pequeña a nadie le ríes, ni lloras, debes ser una especie de instante neutro como el primer segundo después de morir. Un silencio incómodo e insinuante y eso me sujeta a observarte, es único. Sabes ocultar lo que algunos intentamos encontrar, pero solo en ti irradia autenticidad y admiración. Me pregunto aún que es.                       ...