Muerte con Pingüino

En la Rusia del siglo pasado, donde aún se recibía una educación soviética, nació Andréi Kurkov, traductor y escritor que, a través de su libro, logró hacerme viajar a su vida mediante los oscuros y monótonos caminos del temperamento ruso. Al recorrer las páginas, en mi imaginación pude ver la arquitectura de la ciudad, cómo se desenvuelve la sociedad de esa época y los paisajes me recuerdan a un invierno que no he vivido. Los ataques y sombras que atormentan al personaje principal no son más que los monstruos internos que no dejan de perseguirlo dondequiera que esté. Mediante una situación cómica y absurda, nos embarca en un viaje del que nos fascinamos hasta el final de la obra, donde recurre al bien sabido dilema de que nuestro verdadero enemigo somos nosotros mismos. Es conmovedor cómo nos transporta y hace transitar tan bien lo desconocido. Nos invita a su país, a su cultura y a lo más profundo de sí mismo. El final es avasallador, sumerge en una melancolía profunda que procesaremos durante días. El libro es digno del clima que debe rodear toda su narración: la real y la que nos invita a compartir.

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